En marcha el reloj del deseo.
Empieza la cuenta atrás.
No parara hasta que caiga la última fibra de ropa.
Hasta que mis manos no recorran sus medidas.
Hasta que mi lengua no conozca el sabor de cada pliegue de su piel.
Hasta que le oiga requerirme en sueños.
Hasta que el pudor tardío no me deje mirarle a los ojos.
Viento de estío envía el último soplo de calor con este deseo.