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...en busca de la propia identidad El nombre es una parte importante de nuestra identidad. Igual éramos los mismos llamándonos de otra manera o igual no. En mi caso tardé bastante en averiguar mi propio nombre, pero cuando lo hice me lo quedé para siempre. Yo no tuve un nombre desde el día que nací, más bien tenía 3 ó 4 que circulaban por mis familiares al libre albedrío de quien me llamaba. Nadie me llamaba por mi verdadero nombre, el que figuraba en el registro. Mi madre me quería llamar Patricia, pero a mi padre no le gustaba. Mi padre me quería llamar Sonia, pero el señor del registro le dijo que no era un nombre católico (hasta aquí llegaban) y que no me inscribían. Así que mi padre se encaró con el del registro y le dijo que me pusiera el nombre que quisiera que ellos me llamarían como les diera la gana. Mi nombre lo eligió un funcionario de Franco detrás de una ventanilla un día de nochebuena por la mañana. Al menos no eligió mal. Durante mi infancia mucha gente me llamaba Sonia, que era como me llamaba mi padre. Otros me decían Vicky porque siempre llevaba el pelo cortado como Vicky el Vikingo y mi madre me llamaba como le ocurría, bollito, nena etc… No fue hasta que empecé el colegio que supe toda la verdad. Allí estaba yo con mis 5 años y mis dos coletas, esperando a entrar en mi primer día de colegio. No tengo recuerdos de no querer quedarme, ni de llorar los primeros días. Más bien de esperarlo con ansiedad, de estar deseando saber que ocurría. Lo nunca hubiera pensado es que volvería a casa con el nombre cambiado. No tuve que esperar mucho. A primera hora pasaban lista. Llevaban un rato nombrando a una niña que parecía no estar en clase. Todos mirábamos a derecha e izquierda a ver si la niña aparecía, en ese momento la monja se me acercó y me dijo, “Pero si eres tú¡¡¡” Tengo que aclarar que la monja no tenía poderes, es que al entrar nos habían puesto unas etiquetas confeccionadas con el nombre de inscripción en el colegio. “Yo no me llamo así¡¡” le dije muy seria. Así que allá se fue la monja a por mi ficha de inscripción del colegio. “Claro que eres tu¡¡” me gritó mostrándome la ficha, por otro lado es inútil enseñarle un papel a un niño que todavía no sabe leer. En el recreo mis compañeros me decían “Entonces ¿cómo te llamas?” “Pues no se” Cuando salí del colegio me fui directa a mi madre. La cual me explicó todo aquello del funcionario del registro y que yo en realidad me llamaba como mi familia me llamaba siempre. Pero aquella explicación no me convenció. Pase unas semanas en las que en el colegio me llamaban de un manera, en casa de otra… Un buen me levanté y le dije a mi madre “Mamá me quiero llamar de verdad” Y así fue como informé a todos mis familiares de que mi nombre real era otro, uno que ni siquiera conocían y que desde ese momento en un plazo de 3 meses todos tenían que empezar a llamarme por mi nombre real. A los 3 meses dejé de contestar por ninguno de los otros nombres. Un día mi abuela me dijo “Muy bien” Y me entregó mi bata del colegio con mi nombre bordado. Ahora busco mi identidad pero en otros niveles, pero nunca podré olvidar que lo primero que encontré fue mi propio nombre… 28/01/2005 20:21 Enlace permanente. Tema: mis artículos favoritos. Comentarios » Ir a formulario
Si buscas encontrarás, seguro, athe, seguro. Al fin y al cabo nunca dejamos de buscarnos y si miramos bien nunca hemos dejado de ser nosotros mismos...quizás, eso sí, manejados por hilos ajenos.
bsss Fecha: 29/01/2005 23:36.
¿Pero esto es una historia real? Qué cosas... A ver si estoy pecando de ingenuo XD
Pero me ha gustado. A seguir "encontrando" :-) Besitos Fecha: 30/01/2005 01:07.
Maravillosa esta historia. Maravillosa.
Tu nombre tardó cinco años en encontrarte... Fecha: 31/01/2005 15:43.
Comento a este post tan antiguo tuyo, supongo que te llegará...
yo conozco una historia similar: alguien a quien todo el mundo en su familia llama "javier" cuando en realidad se llama "Francisco José". Yo mismo, cuando me saqué mi primer carné de identidad, me enteré de que llevaba puesto un "de" precediendo mi primer apellido, cuando ni mi padre ni mis hermanos lo llevan. Una gracia de mi abuelo cuando fue a inscribirme al registro, debió de tener ínfulas de nobleza o algo así ... El caso es que ya no he podido quitarme el dichoso "de" de mi D.N.I. Fecha: 14/03/2005 19:39.
Cierto. Los nombres forman parte de nuestra identidad. Siempre me llamaron Chin, hasta que fui adulto y les dió por llamarme Jesús. Pero duró poco pues reinvindiqué mi identidad. Ahora convivo con los dos.
Fecha: 27/04/2005 20:24. |
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