|
...rosa rosae (segunda parte)Creo que mi fijación por el café viene de entonces Ya en el rellano podía oler el café. Subía las escaleras de dos en dos. Con una mano sujetaba mis cuadernos, con la otra iba desabrochándome los botones de la blusa. Siempre me esperaba en la puerta. Me cogía en brazos como a una heroína en apuros. Yo dejaba los libros y carpetas en la entrada y abandonaba mis pequeños zapatos en el recorrido por el pasillo. Él me subía encima de una banqueta. Yo giraba, como la bailarina de un joyero, mientras él me desvestía y me preguntaba por las clases. Cuando sólo me quedaban puestas aquellas braguitas blancas sin puntillas, ni rasos, ni dibujos, me tomaba el café. Lo tomaba muy caliente, solo y sin azúcar. Le miraba a los ojos desafiante, aunque me sabía cautiva. A veces yo le pedía que me quitara las braguitas y que me encendiera el ordenador para jugar. Él se sentaba en su cama a mirarme mientras yo me “cargaba” a los marcianitos sentada sobre mis talones. No podía darme la vuelta para mirarle, aunque aquellos pequeños gemidos me permitían imaginar que hacía. Otras veces con sólo tocarle se desataba la furia contenida entre aquellas paredes que me veían aparecer a menudo de visita. Nada quedaba entonces de la chiquilla provocadora, que empezaba a sacarle partido a su aspecto aniñado. En una ocasión me metió en la bañera. Me enjabonó por completo y me dijo que me había hecho un abrigo de nubes. Reí como nunca y tiré de él, vestido para que se metiera conmigo. Todo mi “abrigo” se quedó en su piel y sus rizos negros se mojaron dejándole la cabeza llena de rocío. Aquella tarde no fui a clase. Nos quedamos dentro del agua hasta que estuvo fría, hasta que yo no pude dejar de tiritar. Entonces me envolvió en su albronoz y me metió en su cama. Sólo me quedé una noche en su casa. Yo no dormí. A las cinco de la mañana tenía el aspecto de un niño dormido, en realidad sólo tenía tres años más que yo, era un niño. Pasé mi mano por sus rizos por última vez y me marché, para siempre. Me fui con el corazón encogido y con la esperanza de que la vida me permitiera volver a amar así. De todo aquello guardo la tira de un fotomatón, un pequeño anillo con un zafiro azul que ya no me vale, un montón de promesas incumplidas y la certeza de no olvidarle, la certeza de que no me ha olvidado… 17/05/2005 07:35 Enlace permanente. Comentarios » Ir a formulario
Buenos días , hace un precioso día lluvioso, perfecto para salir a buscarle o a buscarla ¿a qué esperais?
Fecha: 17/05/2005 07:37.
No lo busques, que a veces lo mejor que tiene una persona es su recuerdo..
Yo también he hecho lo de la bañera y el jabón :-) Fecha: 17/05/2005 09:28.
He conectado corriendo en cuanto he llegado a casa por si habías escrito la segunda parte. ¡Qué bonitos recuerdos, qué añoranza, y qué evocaciones me has traído! Salgo corriendo a buscarle...
Fecha: 17/05/2005 15:28.
Jo Amanda que responsabilidad, saber que escribo para público fiel... :o)
Fecha: 17/05/2005 21:00. |
ATHENATemasArchivos
Enlacesasí soyEllos
Ellas
Otros |