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...repartos El momento de repartir los cuadros es de los peores. Durante años los has colgado sin darte cuenta de que acumulabas trocitos de vida, de vacaciones, de momentos. Al descolgarlos es como si te arrancaran a la cera una parte de tu vida, la empaquetaran y se la llevaran las mudanzas.En mi casa no había grandes cuadros, la mayoría eran láminas que habíamos traído de algún viaje o que él traía de su cuarto de soltero. Entre estos últimos había dos cuadros de Dalí, un Cristo y "Muchacha en la ventana". Sin querer, al ver como los descolgaba sentí que se llevaba las primeras veces que hicimos el amor en su cuarto con aquellos cuadros por testigos. La lámina Maya que trajimos de México, el perchero que compramos en la feria de artesanía, esa lámina con la paloma de Picaso que le regalaron de una serie limitada, el pergamino egipcio que enmarcamos porque le encantaba al pequeño. La colección de máscaras se fue ampliando cuando empezamos a salir hasta completar unas ocho. Mi hijo mayor con tres años siempre estaba preguntando como se llamaban y como los nombres eran muy difíciles inventó los suyos propios. El-que-da-miedo para una máscara africana que nos trajo una tía suya de un viaje, el-que-sopla y el-que-bebe eran Eolo y Baco, el-feo una máscara Azteca bastante tenebrosa, el-que-ríe y el-que-llora un par de máscaras venecianas muy bonitas. Hubiera preferido que dejara alguna pero claro la colección debía estar entera. Decidió dejar en casa la lámina de Rafael que muestra dos ángeles con aire despistado, la trajimos de París y presidía la cabecera de nuestra cama. Poco hicieron nuestros ángeles de la guarda. De pronto las paredes se quedaban medio vacías y los huecos blancos mostraban toda la suciedad acumulada en las paredes, una buena metáfora de nuestra vida. Sin haberlo planeado se quedó para el final la lámina El beso de Klimt. No se muy bien si porque los dos la queríamos o porque ninguno se quería llevar ese peso. El peso del cuadro y el de recordar permanentemente que una vez ese cuadro fue la mejor imagen de nosotros mismos. Y yo sólo pude acertar a preguntarle si recordaba cuando habíamos dejado de mirar al cuadro. 06/07/2005 07:37 Enlace permanente. Comentarios » Ir a formulario
Creo que el momento de repartir recuerdos compartidos debe ser de los más tristes en la vida de una persona. Ojalá le tocara a él ese típico regalo que jamás os atrevisteis a poner en ningún sitio.
Fecha: 06/07/2005 08:48.
Excelente manera de relatar ese momento, tan amargo, tan dulce...
Un beso Fecha: 06/07/2005 12:39.
qué momento tan difícil. Al final esos recuerdos suelen acabar en el fondo de un cajón o armario testimoniando el miedo que tenemos a recordar que fuimos felices y que, por unas causas u otras, no conseguimos mantener esos momentos de felicidad.
Besos. Fecha: 06/07/2005 13:31.
¡¡y la marca que dejan en las paredes!!
Llegado ese momento, yo regalo cualquier cosa, me da lo mismo, nada me parece importante comparado con acabar cuanto antes. Fecha: 06/07/2005 15:45.
Pues yo no me llevé nada, le dejé todo a mi ex, para que mis hijos notaran lo menos posible el cambio.
Fecha: 06/07/2005 19:31.
Sé que es una tontería, pero leyendo me han venido a la boca los cuatro sabores: amargo, dulce, agrio y salado.
Fecha: 06/07/2005 20:02.
Tras leer esto, siento que debería decir algo, pero lo cierto que lo único que te puedo expresar es silencio.
Un abrazo Fecha: 06/07/2005 23:30. |
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